incendio forestal

Sacerdote ayudó a salvar a personas de incendio forestal

El P. Gerardo Rosales es párroco en localidades afectadas por el incendio en Sierra Bermeja, Málaga (España). 

A pesar del peligro de uno de los fuegos más fuertes de la historia del país, el sacerdote decidió permanecer con la población y participar en la labores de evacuación.

El pasado miércoles 8 de septiembre se originó un fuego en Sierra Bermeja. Tras seis días, el incendio ha sido controlado. El fuego arrasó casi 10 mil hectáreas, más de 2.600 personas tuvieron que ser evacuadas y un bombero perdió la vida en las labores de extinción.

Este incendio, que se cree que ha sido provocado, ha sido uno de los más fuertes en la historia de España.

La Iglesia también ha estado al lado de los más de 2.600 afectados por las llamas. El P. Andrés Conde es párroco en las localidades de Pujerra, Igualeja, Cartajima y Parauta, que han sido de las más afectadas por el fuego.

El P. Gerardo Rosales, párroco de los pueblos de Júzcar, Faraján y Alpandeire, en Málaga, también relató su vivencia de este trágico incendio.

“Después de celebrar la Eucaristía en Alpandeire y después en Faraján, decidí quedarme al ver que la situación empeoró mucho en un momento. Enseguida me ofrecí a llevar gente hasta el pabellón de Ronda con mi coche, y regresé después para ver qué más hacía falta”, aseguró el P. Rosales.

Según recoge la web de la Diócesis de Málaga, al volver a Alpandeire desde Ronda el P. Rosales se encontró “con una columna de humo, y caían sobre el coche abundante ceniza y restos de carbón”.

“La situación ha sido muy dura, me impresionó especialmente ver a los ancianos cuando tuvieron que desalojarlos de la residencia, subirlos en ambulancias y autobuses para llevarlos a Ronda, fue desaolador. La gente está muy nerviosa, temiendo por la situación en que han dejado a sus animales, su ganado…”, explicó.

Además recordó que la labor de la Iglesia en una situación como esta es de compañía y consuelo.

“Con ellos solo podemos estar, acompañar y consolar. A nivel de Ronda y Serranía sí estamos promoviendo oraciones. Las comunidades de monjas están rezando intensamente, se está haciendo adoración del Santísimo en muchos templos y en todas las parroquias y cofradías se está teniendo muy presente para orar y ayudar, y Cáritas está al momento en contacto con la diputación y los ayuntamientos para coordinar la atención a las necesidades”, destacó.

“Confiamos en Dios, eso nunca falta. Y lo más importante ahora es que las personas puedan verle en nuestra cercanía, en nuestra disponibilidad”, afirmó.

Según contó el P. Conde a la Diócesis de Málaga, habían vivido momentos “muy duros y difíciles, porque en el Valle del Genal hay mucha población en situación de dependencia, ancianos y enfermos. En un primer momento se albergaron en el pabellón del barrio de San Francisco, en Ronda, y posteriormente fue posible reubicarlos en casas rurales, residencias y domicilios particulares”.

El párroco precisó que esta grave situación se afronta “con la confianza de que Dios nos va a sacar de todo esto. Como Iglesia, las herramientas más importantes que tenemos es estar cerca de la gente, ayudarles, pero sobre todo rezar y no decaer en nuestra confianza de que Dios nos va a seguir ayudando y su Santísima Madre protegiendo”.

El P. Francisco Hierro de Bengoa es párroco de Jubrique y Genalguacil, dos localidades que fueron confinadas el pasado viernes ante el riesgo de que el incendio provocara una explosión. Posteriormente se desalojó a la población.

“La esperanza no la perdemos nunca, pero la situación es muy dura. La mayoría de los evacuados de estos municipios han podido ser acogidos en domicilio de familias y conocidos”, explicó.

Además destacó que “como parroquia, podemos rezar y apoyar en este aspecto, hacernos presentes y poner a disposición lo que tenemos. Esa es ahora nuestra misión, y seguir pendientes de las necesidades, de quién ha perdido y el qué, y tengo pendiente volver a las dos parroquias y ver cómo se encuentran a causa del humo”.

Expertos calificaron el incendio “de sexta o última generación", es decir, especialmente peligroso y virulento.

Incendios de este tipo son grandes fuegos forestales de más de 500 hectáreas, tremendamente agresivos y difíciles de controlar por metereología adversa. La fuerza del fuego crea columnas de aire caliente tremendamente potentes que pueden producir sus propias nubes, llegando a provocar un fenómeno conocido como "lluvia de fuego".

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