¿Quién fue Santa Catalina Labouré y qué relación tiene con la Virgen de la Medalla Milagrosa?

¿Quién fue Santa Catalina Labouré y qué relación tiene con la Virgen de la Medalla Milagrosa?

El próximo 27 de noviembre se celebra el día de la Virgen de la Medalla Milagrosa. 

La Virgen de la Medalla Milagrosa se celebrará el próximo 27 de noviembre. Descubre en esta nota quién Santa Catalina Labouré y qué relación guarda con ella. 

Catalina Labouré nació en Francia, en el seno de una familia campesina, en 1806. A la temprana edad de 9 años, Catalina quedó huérfana de madre. Su hermana mayor se convirtió en monja vicentina, por lo que la pequeña Catalina tuvo que encargarse de las tareas domésticas de su hogar, como la cocina y el lavadero. 

A los 14 años, Catalina le pidió a su papá que le permitiese unirse a un convento pero este se negó ya que necesitaba que su hija estuviese presente en las tareas del hogar. Según cuenta su historia, la adolescente no paraba de pedirle al Señor que le concediera su deseo de convertirse en religiosa. Una noche, vio en sus sueños la imagen de un sacerdote anciano que le decía: "Un día me ayudarás a cuidar a los enfermos".

A los 24 años, visitó a su hermana en el convento y descubrió que el anciano de sus sueños era San Vicente de Paúl, ya que lo vio en un retrato. A partir de allí, insistió en ser hermana vicentina y finalmente lo logró. 

El 27 de noviembre de 1830 estando Santa Catalina rezando en la capilla del convento, la Virgen María se le apareció totalmente resplandeciente, derramando de sus manos hermosos rayos de luz hacia la tierra. Ella le encomendó que hiciera una imagen de Nuestra Señora así como se le había aparecido, y que mandara hacer una medalla que tuviera por un lado las iniciales de la Virgen María "M", y una cruz, con esta frase "Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y le prometió ayudas muy especiales para quienes lleven esta medalla y recen esa oración.

El confesor de Catalina no le creyó, sin embargo, el sacerdote se dio cuenta de la santidad de Catalina, por lo que intercedió ante el Arzobispo para que le permitiese confeccionar las medallas y con ellas los milagros. 

Su vida dentro del convento, desde 1830 hasta 1876, año de su muerte, pasó desapercibida. Nadie sospechaba que era ella ante quien la Virgen se le había aparecido. Finalmente, 8 meses antes de su muerte y con un nuevo confesor, Catalina le contó a su nueva superiora todas las apariciones. Al momento de su muerte, miles de fieles se acercaron para su último adiós. En 1947 el santo Padre Pío XII declaró santa a Catalina Labouré.

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