Qué piensas al escuchar decir que Jesús vino para mostrarnos el amor de Dios

Qué piensas al escuchar decir que Jesús vino para mostrarnos el amor de Dios

Si estás casado o tienes hijos, probablemente vengan a tu mente estas situaciones: ocuparse de un enfermo a altas horas de la madrugada, abandonar o cambiar los planes a último momento para suplir una necesidad especial, gastar una gran cantidad de dinero y recursos en cosas que no nos benefician directamente

Situaciones como las antes mencionadas no deberían tomarnos por sorpresa, ya que, en el famoso capítulo sobre el amor en 1 Corintios, aprendemos que el amor no es egoísta y siempre busca cuidar de los demás.

Como cristianos, sabemos con la mente que debemos amar a todos, no solo a nuestros familiares y amigos cercanos. En consecuencia, el sacrificio de nuestro tiempo y energía para los demás debe ser una característica evidente en nosotros.

Sin embargo, sabemos por experiencia que somos mucho más propensos a hacer grandes sacrificios por los que más amamos. Según un artículo publicado en el sitio Coalición por el Evangelio su autor indica que no es su intención debatir si existen o no diferentes “grados” de amor, pero sí quisiera compartir mi conclusión basada en lo que he observado: cuanto más atesoro a una persona, más probable es que haga actos de amor por ella.

Y continúa diciendo, en lo personal, no creo que esto necesariamente sea algo malo, sino que solo demuestra que no somos capaces de amar a todos de la misma manera. Nuestro amor tiene un alcance limitado.

Y no solo es limitado en su alcance, sino también en su constancia. Es imposible amar en todo momento, ya que, muchas veces, tomamos decisiones egoístas que no son las mejores para los demás. Si no estás de acuerdo, prueba este experimento: escoge solo una persona en el mundo y asume el compromiso de amarla de manera perfecta. Ya sea tu amigo, tu vecino, tu cónyuge, tu hijo o uno de tus padres. Tarde o temprano, verás que tu amor no es perfecto y es falible. Nuestro amor no es perfecto porque nosotros no somos perfectos.

Sin embargo, el amor de Dios sí es perfecto. No tiene principio ni fin. No tiene un alcance limitado, pues puede llegar a todas las personas, a todos los seres y a toda Su creación. Es una tragedia cuando una persona cree que Dios no la ama, o que la ama menos que a los demás. Él nos ama y busca con desesperación hacer cosas para nuestro bien.

Recuerda: el amor no es egoísta y siempre trata de proteger a los demás. Dios nos ama sin importar nuestra situación y desea cuidarnos no solo de otras personas y de peligros en el futuro, sino también de nuestra propia maldad. Él ama a todos, y Su amor es tan inigualable que se extiende hacia Sus enemigos. Romanos 5:8 afirma que “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Él eligió buscar nuestro bien y derribar la brecha que nos separaba, a pesar de que nosotros somos los que fallamos.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16

En los salmos, el adjetivo que más se utiliza para describir el amor de Dios es “inagotable”. Observa dos ejemplos:

Salmos 13:5: “Pero yo confío en tu amor inagotable; me alegraré porque me has rescatado”.

Salmos 90:14: “Sácianos cada mañana con tu amor inagotable, para que cantemos de alegría hasta el final de nuestra vida”.

La palabra hebrea que se traduce como “inagotable” a veces aparece como “gran”, “fiel” y “misericordioso”. Nuestro Dios es grande, fiel y misericordioso; por eso, Su amor es perfecto.

Asimismo, el amor de Dios no es inconstante. Desde una perspectiva humana, el amor es como un interruptor que puede apagarse y encenderse. A veces el interruptor del amor está encendido y amamos a los demás con sinceridad, mientras que otras veces el interruptor está apagado y no amamos a otros con sinceridad.

Con Dios, esto es diferente; no se trata de algo que se enciende y se apaga. El amor no es algo que Dios hace, sino lo que Él es. Dios es amor. No puede no amar, ya que eso sería contrario a Su propia naturaleza. No puede amar más, ni tampoco menos. De hecho, Su amor es infinito porque Él es infinito.

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