Por esta razón San Francisco de Asís nunca se convirtió en sacerdote

Por esta razón San Francisco de Asís nunca se convirtió en sacerdote

San Francisco de Asís estaba calificado como cualquier otro, pero eligió seguir siendo diácono y no progresar al sacerdocio.

El fundador de los franciscanos fue San Francisco de Asís y es que se cree que sacerdote. Sin embargo, nunca lo fue, y solo progresó a la Orden de Diáconos.

Durante su vida, San Francisco tuvo una gran reverencia por los sacerdores, en la biografía de Tomás de Celano, está escrito que Francisco besaba frecuentemente las manos de los sacerdotes que conocía “con gran fe”, en honor a la especial consagración que recibieron en sus manos el día de su ordenación. Francisco tenía una devoción especial a la Sagrada Eucaristía y reverenciaba mucho esas manos que tocaban diariamente la Sagrada Hostia.

San Francisco solía decir: "Si veía un ángel y un sacerdote, doblaba la rodilla primero ante el sacerdote y luego ante el ángel". Esto demostrpo el respeto especial que Francisco tenía por los sacerdotes ordenados. Independientemente de su carácter moral, Francisco los tenía en alta estima porque sabía que Dios los había apartado para un propósito especial.

Para que comprendamos mejor su reverencia por el sacerdocio,  la Enciclopedia Católica resume el amor de Francisco por la Eucaristía y cómo eso pudo haberlo llevado a su decisión de no convertirse en sacerdote:

El misterio de la Sagrada Eucaristía, siendo una extensión de la Pasión, ocupó un lugar preponderante en la vida de Francisco, y él no tenía nada más en el corazón que todo lo relacionado con el culto al Santísimo Sacramento. Por lo tanto, no solo escuchamos de Francisco conjurando al clero para que muestre el respeto apropiado por todo lo relacionado con el Sacrificio de la Misa, sino que también lo vemos barriendo iglesias pobres, buscando vasos sagrados para ellos y proporcionándoles panes de altar hechos por él mismo. . Tan grande, en efecto, fue la reverencia de Francisco por el sacerdocio, debido a su relación con el Adorable Sacramento, que en su humildad nunca se atrevió a aspirar a esa dignidad.

A pesar de que San Francisco estaba tan calificado como cualquier otro para ser ordenado sacerdote, nunca lo estuvo y se sintió indigno de subir los escalones del altar e invocar el poder de Dios para realizar el milagro de la Sagrada Eucaristía.

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