El ciego de nacimiento

Historia bíblica: El ciego de nacimiento

Pasaje bíblico: Juan 9:1-38

Un día, mientras Jesús caminaba por Jerusalén con sus discípulos, vio a un joven - ciego de nacimiento - que era bastante conocido en la ciudad. Los discípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado para que hubiera nacido ciego, él o sus padres. Jesús les contestó algo muy interesante:

La ceguera del joven tenía una razón de ser: ¡para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida!

Jesús hizo entonces algo bastante poco convencional: escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego. Le dijo que fuera al estanque de Siloé a lavarse. Solo eso... no le prometió nada. Sin embargo, el joven hizo exactamente lo que Jesús le dijo y fue sanado.

Cuando la gente del pueblo lo vio regresar se dieron cuenta de que ahora veía y esto causó gran revuelo. Los fariseos, en lugar de alegrarse por el joven, comenzaron a interrogar a todos: ¿quién se había atrevido a sanar durante el día de reposo? Hablaron con el joven y hablaron con sus padres. Intentaron manchar el nombre de Jesús insinuando que Jesús era solo un pecador y que no conocía al Dios de Moisés a quien ellos servían. Solo Dios sabía de dónde había salido Jesús, decían. El joven les contestó muy sabiamente...

¡Allí está lo sorprendente! —respondió el hombre—: que ustedes no sepan de dónde salió, y que a mí me haya abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí a los piadosos y a quienes hacen su voluntad. Jamás se ha sabido que alguien le haya abierto los ojos a uno que nació ciego. Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.
(Juan 9:30-33)

El milagro de sanidad que Jesús había hecho en el joven era un milagro único. Así que la conclusión era clara: Jesús venía de Dios. ¡El milagro era obra de Dios! Nada haría cambiar de opinión al joven porque había experimentado en su propia carne el toque sanador del Dios Todopoderoso.

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