Hay razones para dar gracias por el 2020

Hay razones para dar gracias por el 2020

El 2020 ha sido quizá el año más difícil en la historia moderna de la humanidad. No se había vivido una pandemia a esta escala desde la influenza española en 1918

Al momento de escribir esto, el Centro para Sistemas de Ciencia e Ingeniería (CSSE, por sus siglas en inglés), reporta 74,300,000 contagios mundiales, y 1,600,000 muertes por el COVID-19. Eso, por supuesto, sin contar los casos y las muertes no reportadas, esta información se basa en un artículo publicado en la Coalición por el Evangelio.

A estas alturas, todos conocemos a algún ser querido que se ha contagiado del nuevo virus. El impacto en las economías mundiales es incalculable. Y todavía no sabemos las repercusiones que tendrán en la sociedad las diversas medidas que se han tomado.

Cientos de familias han vivido la trágica muerte de un ser querido, han perdido su trabajo, o les han recortado su sueldo. Muchas personas salen a la calle por necesidad con temor de ser contagiados. Otros, por el otro lado, consideran todo esto una gran farsa. La información y desinformación abundan en las redes sociales. Al ver a todas las personas a nuestro alrededor con mascarillas y caretas, pareciera que vivimos una película postapocalíptica.

Dificultades reales

El autor del artículo asegura que, este ha sido el año más difícil de su vida. A principios de año, cuando la pandemia apenas comenzaba, nos enteramos de que nuestro hijo pequeño tenía una enfermedad grave, lo cual nos ha mantenido visitando a múltiples médicos especialistas, al igual que hospitales.

Sin embargo, este también ha sido el año más bendecido de mi vida. En medio de todo esto, Dios ha sido bueno. Pudimos comenzar a tratar la enfermedad de nuestro hijo, y hoy se encuentra muchísimo mejor. La providencia de Dios se ha mostrado en la vida de mi familia de manera milagrosa, y este artículo no sería suficiente para contarte las maravillas que Dios ha hecho en nosotros.

Así que, aunque pueda parecer paradójico, podemos dar gracias a Dios por las pruebas que ha puesto en nuestra vida durante este año. En Cristo se nos ha dado la capacidad de tener por gran gozo cuando pasamos por diversas pruebas (Stg 1:2), sabiendo que las pruebas fortalecen nuestra fe (1 P 1:6-7). Como escribió Calvino: “Al final del conflicto siempre vemos esto: que la fe triunfa finalmente sobre las dificultades que la asedian” (Institutos, 3.2.18).

El Dios que gobierna todo

Esta pandemia mundial ha solidificado mi convicción de que Dios está sentado en su trono inamovible. Esta pandemia no lo tomó por sorpresa. No hay virus que se escape de Su soberanía. Él decretó que esto sucediera, porque “todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has hecho?’” (Dn 4:35).

Puede que el verso anterior te incomode. Pues sí, quizá debería. La absoluta soberanía de Dios puede ser una verdad incómoda, sobre todo para el no creyente. Pero es una enseñanza clara de las Escrituras:

[Dios es] el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades, yo soy el Señor, el que hace todo esto”, Isaías 45:7

La suerte se echa en el regazo, más del Señor viene toda decisión”, Proverbios 16:33

Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado”, Job 42:2

Si se toca la trompeta en la ciudad, ¿no temblará el pueblo? Si sucede una calamidad en la ciudad, ¿no la ha causado el Señor?”, Amós 3:6

Lastimosamente, algunos cristianos no están dispuestos a creer en la soberanía absoluta de Dios. Más bien, se cree en un Dios pasivo, que permite las cosas pero, por nuestra culpa, algunas cosas se salen de Su control.

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