Este fue el milagro eucarístico de San Gregorio Magno

Este fue el milagro eucarístico de San Gregorio Magno

San Gregorio Magno le demostrpo a las personas que la Eucaristía no es un juego. 

Después de que se lleva a cabo la consagración en la misa, la Iglesia Católica muestra la hostia eucarística que se transforma en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, eso significa que mientras permanecen las apariencias del pan y el vino, la sustancia se cambia (a través del poder de Dios) completamente al cuerpo y la sangre de Cristo.

Este es un misterio de la Iglesia, pero en oportunidades ¡Dios levanta el velo y permite que incluso las apariencias cambien!

Así ha sido el caso de una historia que la Leyenda Dorada contó sobre San Gregorio Magno.

San Gregorio estaba a punto de dar la comunión a una mujer que horneaba el pan que usaba en la misa, la mujer se burló sorprendentemente ya que pensó que era ridículo pensar que el pan que hacía era el cuerpo de Jesús.

Sucedió que una viuda traía hostias todos los domingos [para el sacerdote] para [celebrar] la Misa con ... cuando San Gregorio [estaba a punto de] entregarle el santo sacramento al decir, [dijo] que el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo Te guarde para la vida eterna ... esta mujer se echó a reír de San Gregorio, y él retiró la mano y colocó el sacramento sobre el altar. Y él le preguntó, delante de la gente, por qué se reía, y ella dijo: Porque el pan que he hecho con mis propias manos, tú lo llamas el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.

San Gregorio se puso a orar con la gente, para rogarle a Dios que en ese momento mostrara su gracia para confirmar nuestra fe, y cuando se levantaron de la oración, san Gregorio vio el santo sacramento en figura de un trozo de carne como grande como el dedo meñique de una mano, y por las oraciones de San Gregorio, la carne del sacramento se transformó en apariencia de pan como antes, y con ello dio la comunión a la mujer, que después fue más religiosa, y la gente más firme en la fe.

La historia es similar a otros milagros eucarísticos, donde la fe de una persona, o incluso un sacerdote, estaba fallando, y se les dio una señal de la presencia real de Jesús en la hostia.

Dios permite que milagros como éste refuercen la fe de todos y la realidad de que él está verdaderamente presente en la hostia en la Misa, en cuerpo, sangre, alma y divnidad.

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