Esta imagen te ayudará a ir a la confesión

Esta imagen te ayudará a ir a la confesión

Jesús le dijo a Santa Faustina que espera en el confesionario para derramar su misericordia sobre los pecadores.

Es normal que seamos reacios a confesarnos porque pensamos que todo lo que estamos haciendo es contarle nuestros pecados al sacerdote. Este pensamiento puede hacernos temerosos de la confesión, no querer revelar nuestros pecados a otra persona humana.

Pero, en realidad la confesión se trata de ir a Jesús, que está verdaderamente presente en el confesionario.

Santa Faustina tuvo una revelación privada en la década de 1930 en la que Jesús le habló sobre lo que realmente sucede en el confesionario.

Hoy el Señor me dijo: 'Hija, cuando te vas a confesar, a esta fuente de Mi misericordia, la Sangre y el Agua que brotaron de Mi Corazón siempre fluyen sobre tu alma y la ennoblecen. Cada vez que vayas a la confesión, sumérgete por completo en Mi misericordia, con gran confianza, para que pueda derramar la generosidad de Mi gracia sobre tu alma.  Cuando te acerques al confesionario, debes saber esto, que Yo mismo te estoy esperando. Solo estoy escondido por el sacerdote, pero Yo mismo actúo en tu alma. Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la Misericordia. Dile a las almas que de esta fuente de misericordia las almas extraen gracias únicamente con el vaso de la confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no tiene límites. El torrente de la gracia inunda las almas humildes. Los soberbios permanecen siempre en la pobreza y la miseria, porque Mi gracia se aparta de ellos hacia las almas humildes. 

Esa imagen de Jesús esperándonos en el confesionario es la imagen que necesitamos grabar en nuestra mente por eso cuando nos acercamos al sacerdote, en realidad nos estamos acercando a Jesús, rogándole que tenga misericordia de nuestra alma.

Lo mejor de todo es que Jesús está más que dispuesto a derramar su misericordia sobre nosotros y está dispuesto a perdonar nuestros pecados.

Por eso, si tiene problemas para acercarse al confesionario, recuerde que no es el sacerdote al que va, sino al mismo Jesucristo.

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