Esperando los tiempos de Dios, ¿por qué hacerlo?

Esperando los tiempos de Dios, ¿por qué hacerlo?

Cada persona establece planes y proyectos, pero al no estar en los tiempos de Dios, puede que las cosas no sucedan como esperamos.

Por lo general, las personas suelen pensar en el mañana o el futuro, estableciendo plazos, tiempos, fechas de que harán esto o aquello, sin imaginar que Dios es quien tiene la última palabra.

Para que las cosas puedan ser una realidad, muchas veces tomamos el papel del Creador decidiendo cuándo es el momento ideal, hora y temporada en que se realizarán los planes sujetando con nuestras manos el destino, situación que es más una ficción.

Nuestra mirada no suele abarcar más allá de nuestros ojos, pero Dios como ser perfecto sabe mejor que nadie el tiempo exacto para que se den los sueños, de manera que todo fluya y sea completamente de bendición.

1 Pedro 5:6-7 "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros".

Claramente en primera de Pedro, dice "cuando fuere tiempo", es decir, no todos los tiempos son los adecuados para emprender o poner en marcha algún objetivo. Hay factores que simplemente no se dan y pueden perjudicar nuestra meta inicial.

Dicha razón, lleva a meditar en plena paciencia los tiempos de Dios, esperar en esa temporada que el Todopoderoso ha decidido activar para nosotros con el fin de lograr lo propuesto sin esfuerzos o sacrificios. Lo único que pide es fe y paciencia.

¿Por qué esperar en el tiempo de Dios? Porque es el momento preparado para que todas las piezas se den  y se haga una realidad de la mejor manera posible, siendo de bendición para ti y hacia los tuyos. Llegará el momento idóneo para que nada se levante en contra sumando cada detalle  a nuestro favor.

Esta y otras razones más, dan pie a conservar la paciencia, soportar y tener abundante fe para esperar en Dios desde su momento perfecto.

Eclesiastés 3

Todo tiene su tiempo

3  Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;

13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

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