¿Debo odiar a Satanás?, John Piper

¿Debo odiar a Satanás?, John Piper

“Vamos a empezar, como lo hacemos muy a menudo, con una definición. No puedo llegar a ninguna parte sin una definición. ¿Qué es exactamente el “odio” o “aborrecimiento”? Cuando estamos considerando el amor —esta es la otra cara del odio— tenemos que recordar que ambos se utilizan de dos maneras bastante distintas”, John Piper

John Stephen Piper (1946) el predicador, evangelista, autor, escritor bautista, y sirvió como pastor en la iglesia Bautista de Bethlehem en Minneapolis, escribió durante este 2020 un artículo muy importante para el sitio Coalición por el Evangelio, el mismo ha sido considerado como uno de los más leídos por los cibernautas debido a sus planteamientos e interrogantes tan directas.

Por ejemplo, el amor puede significar estar satisfecho con el encanto y la belleza de algo. Así que podría decir: “Oh, me encanta esa pintura”. O, “Me encanta cuando tratas a tu hermano menor de esa manera”. Pero hay otro tipo de amor que —independientemente de que el objeto sea encantador o agradable— elige desear buscar el beneficio de la persona o la cosa que es amada. Así que Jesús exige que amemos a nuestros enemigos, y estos enemigos pueden ser muy poco amables, moralmente corruptos, y extremadamente desagradable para nosotros.

El segundo tipo de amor sigue en pie. Los tratamos mejor de lo que merecen. Buscamos su bien. Se trata de la misma manera, dándole la vuelta, con el odio. Puede significar intensa desaprobación o disgusto por lo que es malo o feo o de mal gusto, como cuando digo, “No me gustan los champiñones”, o, “No me gusta el aborto”. Pero, por otro lado, como en el amor, el odio se puede referir a un intenso deseo o la elección que alguien sufra, sea juzgado, o que sean arruinados o destruidos.

Así que cuando hablamos de odiar a Satanás, creo que es correcto decir que debemos odiar a Satanás en ambos sentidos y que el mismo Dios aborrece a Satanás en ambos sentidos. Hay por lo menos dos razones por las que digo esto:

1) Las Escrituras enseñan que Dios aborrece al mal y a la gente impenitente en ambos sentidos. La Biblia también muestra que llega un punto en que debemos unirnos a Él de manera apropiada por lo menos en algún sentido de odiar a los malvados, como Dios los odia de esa manera. No solo de manera fuerte, siendo fuertemente disgustado, sino también en casos raros deseando el juicio de ellos. Esa es la primera razón.

2) Creo que Él odia a Satanás en estos dos sentidos, y nosotros también deberíamos, porque Satanás está más allá del arrepentimiento. Es por eso que el deseo de su conversión nunca es considerado virtuoso ni está presente en la Biblia. Así que permíteme ilustrar el punto que es realmente controvertido. Estoy seguro que estoy argumentando desde el odio de Dios por la gente a su odio por Satanás, porque la Biblia nunca dice, “Dios odia a Satanás”, pero claramente lo implica, yo creo.

Dios odia la iniquidad

Hebreos 1: 8-9 dice esto acerca del Hijo de Dios: “Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos, y cetro de equidad es el cetro de Tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad”. Así que sabemos que Dios y su Hijo odian la maldad. De manera similar, nosotros, como quienes temen a Dios, nos unimos a él en el odio a lo que es malo. Este es Proverbios 8:13: “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco”. Y Romanos 12:9 dice: “aborreciendo lo malo”. Y lo mismo pasa con la gente mala e impenitente, no sólo con acciones.

Los justos odian la iniquidad

Así que la Biblia da ejemplos de no solo Dios odiando a los malvados, sino los propios salmistas, los escritores humanos bajo la inspiración de Dios, expresando el mismo odio por los malhechores. Estos a veces son llamados salmos imprecatorios. Algunos maestros de la Biblia dicen: Esos salmos realmente no son parte de la Palabra inspirada de Dios, y fueron usados y amados por gente que no entendían. Pero yo digo: Espera, espera un minuto. Ellos fueron utilizados y amados por Jesús y por Pablo, en especial el Salmo 69, una de los salmos imprecatorios más severos. Y ambos, Jesús y Pablo lo citaron como ejemplo y lo abrazaron como parte de lo que pensaban.

Así tenemos, por ejemplo,

Aborrezco a los que confían en ídolos vanos; pero yo confío en el Señor”. Salmo 31:6,

Aborrezco a los hipócritas, pero amo Tu ley”. Salmo 119:113,

¿No odio a los que Te aborrecen, Señor? ¿Y no me repugnan los que se levantan contra Ti? Los aborrezco con el más profundo odio”. Salmo 139:21-22

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