Personajes bíblicos que ayunaron Personajes bíblicos que ayunaron

Personajes bíblicos que ayunaron

A través de la Biblia encontramos ejemplos de personas que ayunaron en momentos específicos de su vida. Aquí tienes una corta lista con algunos personajes bíblicos que ayunaron, por cuánto tiempo y la razón que tuvieron para hacerlo.

Por:  Redacción Mi Alma

1. Moisés

Moisés fue un gran profeta y líder del pueblo judío. Dios lo escogió para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto y guiarlo a la Tierra Prometida. Dios le pidió a Moisés que subiera al monte Sinaí para recibir allí las tablas de la ley.

El Señor le dijo a Moisés: «Sube a encontrarte conmigo en el monte, y quédate allí. Voy a darte las tablas con la ley y los mandamientos que he escrito para guiarlos en la vida».
(Éxodo 24:12)

Moisés entendía la importancia de ese momento y el impacto que tendría sobre el pueblo. Por eso, ayunó durante 40 días y 40 noches. Era una ocasión especial: recibiría la ley de Dios para el pueblo. Él sabía que la presencia de Dios estaría en el monte y ayunó como muestra de humildad ante la santidad y grandeza de Dios.

Cuando subí a la montaña para recibir las tablas de piedra, es decir, las tablas del pacto que el Señor había hecho contigo, me quedé en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua.
(Deuteronomio 9:9)

En Deuteronomio 10:10 vemos que Moisés volvió a ayunar por 40 días y 40 noches cuando tuvo que regresar al monte a recibir las nuevas tablas de la ley.

2. David

David le había fallado a Dios. Había cometido adulterio e indirectamente había enviado a asesinar al marido de la mujer que deseaba. Al parecer, David no se había arrepentido ante Dios. En 2 Samuel 12 vemos que ya había nacido el bebé fruto de esa relación cuando Natán, el profeta y amigo de David, fue a visitarlo.

Natán le relató a David una parábola para confrontarlo con su pecado. David no se dio cuenta de que la parábola en realidad hablaba de él. Cuando terminó de escuchar a Natán declaró: "¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte!". Sus ojos se abrieron cuando Natán le dijo que él era el protagonista de la historia.

Entonces Natán le dijo a David:
―¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que le desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer”.
(2 Samuel 12:7-10)

Es en ese momento que David se da cuenta de la magnitud de sus pecados y se arrepiente. Se humilló ante Dios y pidió perdón. Natán le dijo que Dios lo perdonaba, pero que aun así, él sufriría las consecuencias de su pecado. El bebé moriría.

Cuando David regresó a su casa le avisaron que el niño estaba gravemente enfermo. David decidió ayunar. No comió durante los 7 días que el niño estuvo grave. Rogó a Dios por compasión, que le concediera salud y vida a su hijo. Sin embargo, el niño murió, tal y como había dicho Dios por boca de Natán.

David respondió: Es verdad que cuando el niño estaba vivo yo ayunaba y lloraba, pues pensaba: “¿Quién sabe? Tal vez el Señor tenga compasión de mí y permita que el niño viva”. Pero, ahora que ha muerto, ¿qué razón tengo para ayunar? ¿Acaso puedo devolverle la vida? Yo iré adonde él está, aunque él ya no volverá a mí.
(2 Samuel 12:22-23)

3. Daniel

Daniel era un joven judío de una familia noble. Fue deportado a Babilonia junto a otros jóvenes para aprender el idioma, la literatura y las costumbres de los babilonios. Las fuertes convicciones de Daniel y su gran fe en Dios lo llevaron a rechazar la comida y el vino del rey.

Él pidió, junto a tres de sus compañeros, una dieta diferente acorde con las reglas alimentarias que Dios había dado a su pueblo. Aun con esa alimentación más sencilla, ellos lucían más sanos que los otros jóvenes. Daniel y sus compañeros no solo gozaban de salud, sino que eran muy sabios y tenían unos dones especiales que Dios les había dado.

A través de los años Daniel usó esos dones, en especial el de interpretación de sueños, y esto hizo que su fama aumentara provocando el rechazo y la envidia de algunos. Daniel se mantuvo fiel a Dios y vivió grandes milagros de protección por parte de él. En Daniel 3 vemos cómo Dios los protegió a él y a sus amigos librándolos de morir en el horno de fuego.

Daniel temía a Dios, estudiaba su palabra y las profecías. En el capítulo 9 de Daniel, él leyó la profecía de Jeremías que hablaba de los setenta años de desolación de Jerusalén. El capítulo comienza así:

«Corría el primer año del reinado de Darío hijo de Asuero, un medo que llegó a ser rey de los babilonios, cuando yo, Daniel, logré entender ese pasaje de las Escrituras donde el Señor le comunicó al profeta Jeremías que la desolación de Jerusalén duraría setenta años. Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas.»
(Daniel 9:1-3)

Daniel leyó la profecía y respondió con oración y ayuno. Separó un día para estar en actitud de humillación total ante Dios. Durante ese ayuno confesó a Dios los pecados del pueblo de Israel y pidió misericordia (Daniel 9:3-5; Daniel 10:2-3).

Esta fue la oración y confesión que le hice: "Señor, Dios grande y terrible, que cumples tu pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos: Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes; nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes".
(Daniel 9:4-5)

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