¡Lavándonos antes de entrar a casa!

¡Lavándonos antes de entrar a casa!

Julio Ruiz, habla sobre como lavarse las manos antes de entrar a casa por lo cual nos muestra  dos textos del salmista David que pone otra vez su interés por en el asunto que corresponde al lugar de Su morada.

Por:  Johana R.

“Por un lado, nos habla de andar alrededor de tu altar Salmo 26:6, y por otro nos dice que el ama la habitación de tu casa y el lugar de la morada de tu gloria Salmo 26:77.

 David era un profundo adorador. Para él la casa de Dios no era un lugar de ver a sus amigos y tener buenas relaciones. Las moradas del Señor le infundían un enorme gozo, un profundo respeto y su más ardiente deseo de ir allí para encontrarse con el Dios vivo.

En el mensaje el deseo por volver a casa; sí, a esa Casa del Señor que tanto gozo y bendición trae, pero pensando en la preparación para entrar a ella. Si algo se  recuerda después que pase esta pandemia es el énfasis que se le dio al asunto de lavarnos las manos cada vez que se entraba a las casas después de haber sido expuestos a un posible contagio del llamado coronavirus.

“Interesante que el salmista también nos recomienda que nos lavemos las manos antes de entrar en su morada, pero que lo hagamos en inocencia. La figura nos viene del lavado que tenían que hacerse los sacerdotes antes de entrar y ministrar en el santuario Ex. 30:18-21. Así, pues, este salmo nos muestra la relación íntima entre la adoración verdadera y el estilo de vida que afirma la verdad y la integridad”, Julio Ruiz.

Todos los que somos parte del ministerio en la iglesia debemos andar con manos limpias, de manera que nuestras acciones dentro y fuera de allí reflejen la integridad en la que andamos. Qué hay detrás de esta demanda bíblica. Por qué debemos lavarnos antes de entrar a casa. Cuál es el examen que debemos pasar para lavar nuestras manos en inocencia.

El examen de la integridad personal

Salmo 26:1-2. Nos llama la atención que los primeros imperativos con los que el salmista comienza su poema son “júzgame” y “escudríñame”. Esto pareciera ser una osadía de parte de David, dada su condición de hombre sujeto a las pasiones y debilidades humanas.

Pero lo que le pide a Dios no es sobre la base de su justicia, sino la del mismo Dios. Y nos llama aún más la atención que se adelante para decirle a Dios que al hacer este examen va a descubrir que él ha andado en su integridad. No sabemos en cuál momento David vivió esta experiencia que lo llevó a defender su proceder delante Dios, pero su confianza en el examen divino fue parte de su testimonio fiel.

David era un hombre que tenía un concepto muy grande de la santidad de Dios y la importancia de presentarte en su casa de una manera íntegra. En los salmos 15 y 24 hace dos preguntas con respecto a quiénes podrán entrar en el tabernáculo y en el lugar santo. Y de esta manera responde: “El que anda en integridad… habla verdad en su corazón”. Y “el limpio de manos y puro de corazón…”. De acuerdo con esto, la integridad personal debe estar sujeta al escrutinio divino para saber si somos o no aptos para entrar en su santuario y adorarlo.

Salmo 26:2b. David pareciera no estar conforme con que Dios lo haya juzgado y escudriñado, porque sigue su demanda en esta forma imperativa: Pruébame y examíname. Era tal su deseo por ser declarado inocente ante lo que le está pasando que no se conforma con una sola acción de parte de su Dios, sino que sigue abriendo su corazón como si aquello fuera una cirugía de corazón abierto, de manera que Dios, cual cirujano eterno, revise todo su corazón y al final de su veredicto de no haber encontrado nada pecaminoso en él.

Esto solo me recuerda a las palabras que Jesús dijo de Natanael antes de convertirse en su discípulo: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño”. No es fácil este veredicto. El sentido de estos dos imperativos fue expresado por Robert Cawdray: “Como el oro es purificado de la escoria por el fuego, así la sinceridad del corazón y la simplicidad del verdadero cristiano se ven mejor y se hacen más evidentes en las tribulaciones y la aflicción.

En la prosperidad todo hombre parece piadoso, pero las aflicciones hacen salir del corazón lo que hay en él, sea bueno o malo”. David no quería la aprobación de los hombres; él buscaba la de Dios porque su juicio es verdadero.

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