“La única manera de conocer a Cristo es gastando tiempo con él” Julio Ruiz

“La única manera de conocer a Cristo es gastando tiempo con él” Julio Ruiz

¿Cuál sería un regalo para un rey?. Los Reyes Magos escogieron lo mejor. Al llegar donde estaba el niño abrieron sus tesoros. Considerando cuál es el mejor regalo con el que se debe llegar a Jesús en esta Navidad.

Por:  Johana R.

Entre todos los personajes que rodearon la primera Navidad, sin duda que los sabios que vinieron del oriente son los más emblemáticos, debido a su procedencia, lo largo de su viaje, y la misteriosa estrella que guio su caminar.

 

“Bien pudiéramos decir que esa estrella fue como un GPS (sistema global de navegación por satélite), que les llevó exactamente al lugar donde estaba el niño, a quien ellos, por revelación especial, llamaron rey de los judíos. ¿De dónde viene su número y sus nombres? Su número siempre ha estado asociado con los tres regalos, aunque esto no es concluyente. En algunas partes se habla hasta de doce reyes magos”, Julio Ruiz.

Por allá, a mediados del siglo VI, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) se les asignaron los nombres de "Melchor", "Gaspar" y "Baltasar", que supuestamente equivalen en griego a "Appellicon", "Amerín" y "Damascón" y en hebreo a "Magalath", "Serakin" y "Galgalathha (Fuente, Wikipedia). Y para que no los acusaran de discriminación, hay un “negrito” en el equipo, montado también en su camello.
 

La llegada de estos sabios del oriente provocó una conmoción en toda la ciudad. El rey Herodes se asustó en extremo, y su conciencia le estaba indicando que los días de su reinado parecían estar por acabarse.

Los escribas fueron consultados acerca del Mesías. Los habitantes de Jerusalén estaban espantados por la posible represalia del rey con esta noticia. Pero lo que más les importaba a estos sabios era que “su estrella hemos visto en el oriente y venimos adorarle”.
 

“La vida de estos hombres, su fatigoso viaje y los regalos que trajeron, nos muestran que la Navidad, más que recibir regalos, es la ocasión para reconocer al que ha nacido para traerle sus regalos. Pero vea bien los regalos, porque el niño que ha nacido también es rey. ¿Cuál sería un regalo para un rey? Los sabios de oriente escogieron lo mejor. Al llegar donde estaba el niño “abrieron sus tesoros”. Por la vía de la deducción, consideremos cuál es el mejor regalo con el que debemos llegar a Jesús en esta Navidad”, Julio Ruiz.



 Tiempo para buscarlo, hay una tradición que dice que aquellos sabios duraron nueve meses desde sus lejanas tierras hasta Belén.


El tiempo abarcaría desde que María quedó embarazada hasta la fecha de su alumbramiento. Como quiera que haya sido, estos hombres gastaron suficiente tiempo para hacer su viaje hasta encontrar al rey de Israel que había nacido. Eso incluyó el tiempo de la revelación del nacimiento hasta que se dio el momento de la salida. Debe considerarse que ese viaje, por ser tan largo, planteaba una preparación adecuada.
 

Así que ellos dedicaron tiempo para obtener la información, la ropa y la comida para el viaje; y sobre todo, el estudio que harían acerca de la extraña estrella que finalmente les guiaría en su viaje. El asunto es que estos hombres no estimarían cuánto tiempo tendrían que invertir para el viaje, pues se trataba de lo más importante que les había revelado. Si fue un ángel que se les apareció, les tuvo que dar las mismas introducciones que les había dado a María, José y los pastores.
 

La noticia que han escuchado se refería al niño que nació en Belén, quien era el salvador del mundo. Amados hermanos, ningún tiempo será mejor que aquel que invirtamos para buscar al salvador, que ya se nos ha revelado. Pero los afanes de la Navidad serán tantos que lo último que vemos es al “niño que ha nacido”. Julio Ruiz.
 

¿Se ha dado cuenta del tiempo que perdemos en cosas tan triviales, en lugar de invertirlo en conocer a Cristo? Pablo había determinado no malgastar el tiempo en la que otros lo perdían, porque lo que era para él ganancia, lo tenía por basura “a fin de conocerle”

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, Filipenses 3:12-14

La única manera de conocer a Cristo es gastando tiempo con él. La Navidad debe llevarnos a ese tiempo.

Tiempo para publicarlo. La búsqueda de aquellos viajeros estaba definida. El gozo de su corazón era hallar al Mesías para confirmar la revelación dada. Así que estos hombres gastaron tiempo para llegar a Belén, tiempo en ver a Jesús con sus padres, y luego gastaron tiempo en regresar para dar a conocer la noticia. La noche que pasaron en casa de María y José, escuchando acerca del niño, tuvo que ser el mejor tiempo de sus vidas.

El primer asunto que se plantea el largo viaje de estos hombres, era el desafío del camino mismo. No era un camino cómodo, sino que era un camino peligroso e inhóspito. Había bandas que se dedicaban a robar y a matar en el desierto. Por otro lado, considérese que el desierto durante el día puede superar las temperaturas de cincuenta grados y por la noche descienden hasta menos cero grados.
 

La Biblia no dice, pero la preparación física de estos hombres tuvo que ser excepcional para aguantar un viaje de miles de kilómetros. ¿Cuántos kilómetros caminaron estos hombres para encontrarse con el salvador? A ellos no les importó la distancia ni los riesgos hasta encontrar al recién nacido rey. En esto hay mucho que aprender. La verdad es que cuando se trata de los asuntos del Señor no siempre somos dados a esforzarnos para dar lo mejor de nosotros.

Con frecuencia repetimos de memoria Josué 1:9, pero esto no significa que lo obedezcamos. La verdad es que muy pocos de nosotros caminaríamos tanto para encontrarnos con el salvador. Nunca habíamos tenido tan sofisticados medios para darle un mejor servicio a nuestro Señor, como los que contamos ahora. Pero la más simple excusa servirá para no servir al Señor.

La adoración sincera considera la importancia de mis diezmos y mis ofrendas para el Señor. El incienso tiene que ver con la ofrenda de mi oración al Señor. Mi adoración no es completa si no me ocupo en la oración. Y la mirra era un ungüento que serviría para limpiar y perfumar al bebé nacido. Nuestra adoración debe ser un grato perfume, especialmente para los que no le conocen.

“En profunda humildad y adoración, vengamos para ofrecerle el oro que representa lo mejor de mis bienes materiales, el incienso que representa lo mejor de vida espiritual y la mirra que representa lo mejor de mi servicio.

Haga de esta Navidad un verdadero acto de adoración. No deje que la Navidad termine sin haberlo encontrado. Asegúrese que ha nacido en su corazón”, Julio Ruiz.

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