El Adviento es un Tiempo de Gran Expectación

El Adviento es un Tiempo de Gran Expectación

El tiempo del Adviento siempre será,  un momento de gran expectación. El Adviento es un tiempo para crecer en la semejanza a Cristo; ser moldeados a la imagen del Señor

Por:  Johana R.


“Pero los minutos parecían convertirse despiadadamente en pequeñas eternidades, por lo que me preguntaba cómo iba a esperar hasta el día de Navidad sin morirme; no era más que un niño impaciente, en el que la tensión de la espera era demasiado grande para que pudiera soportarla su pequeño cuerpo”, ha escrito Tony Woodlief, en el portal web Sigueme.net

 

Supongo que esto le sucede a muchos niños, y tal vez a muchos adultos también, que esperamos la llegada de la Navidad con la sensación de que trae alegría, regalos, golosinas, fiestas y vacaciones.


Al adoptar la fe cristiana en la edad adulta, aprendí a prestar atención a la temporada de Adviento, a las lecturas de las Escrituras sobre las profecías, los magos errantes y los pastores que enmudecieron cuando los ángeles iluminaron el cielo de la fría noche.
 

Todo ello generó, en un hombre para quien la Navidad ha sido moldeada por las experiencias de la infancia, una mentalidad de gozosa espera. Y así debe ser, por lo privilegiados que somos de que Dios mismo descendiera para nacer en un establo de animales y adoptara carne humana, todo ello por su gran e indescriptible amor por nosotros.
 

Pero debemos preguntarnos: En medio de la música alegre, la comida y las tradiciones de la temporada, ¿con qué fin vino este Dios-hombre?
 

Hay respuestas llenas de gozo, sin duda. Él trae a esta Tierra “paz, buena voluntad para con los hombres” (Lc 2.14). Él es una “luz perpetua” (Is 60.19). El nacimiento de Cristo significa “Dios y los pecadores reconciliados”, como declaró Charles Wesley en un solemne himno.
 

Para ser reconciliados con este Dios que hemos ofendido sobremanera y tantas veces, a quien anhelamos pero no podemos ver, esto es, sin duda, “nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo” (Lc 2.10). Aún así la pregunta persiste. ¿Con qué fin vino el Rey de gloria, este Dios tan tiernamente encarnado?
 

“Sabemos la respuesta, pero no estamos acostumbrados a pensar en ella. Él vino para morir, para tener su cuerpo sin pecado desfigurado por hombres inicuos y para perdonarlos en la cruz que Él iba a sufrir”, explica Tony Woodlief.
 

Lo sabemos, pero muy a menudo vivimos durante el tiempo de Adviento como si esta dolorosa verdad no tuviera importancia. Tal vez la razón es mi propensión a buscar el placer, que hizo que nuestros antepasados puritanos prohibieran la celebración de Navidad. La comida, los regalos, la ropa de lujo, un descanso del trabajo todo eso le hace el juego perfecto a mis debilidades carnales. Quiero sentarme y escuchar “Noche de Paz”, y no escuchar nada más, porque lo único que quiero es paz.

En esto, sé que no soy el único. Y quizás es también otra razón por la que rehúyo el dolor de la encarnación, porque quiero paz, y un bebé manso y humilde es mucho más reconfortante que un Rey humilde que vino para poner boca abajo los reinos terrenales, volcar las mesas de los cambistas y cambiar los corazones.
 

Tony Woodlief  explica cómo prepararse para tener una mejor Navidad

Adopte el ayuno. Desde los primeros días de la iglesia, los cristianos han ayunado en preparación para celebraciones importantes, o “días santos”. En este Adviento, trate de renunciar a ciertos alimentos desde el comienzo de la temporada (2 de diciembre) hasta la Navidad.

Los ayunos tradicionales incluyen la carne y los productos lácteos, pero a lo que renunciemos importa menos que el espíritu con que lo hagamos. El ayuno debe ser un reto, pero no tiene que ser excesivo.

El objetivo es lograr una mayor toma de conciencia de la presencia de Dios y de devoción a Él, permitiendo que el Señor se mantenga como el centro de nuestra atención. Otras opciones incluyen limitar el uso de medios, tales como la televisión, el cine, la música o la Internet, para dejar más tiempo para la lectura de la Biblia y la oración.

Ore cada día. Mientras nos preparamos para la Navidad, la comunión regular con Dios nos ayuda a evitar muchas trampas, desde un exceso de indulgencia y materialismo, hasta juzgar a los demás, la idolatría, o la apatía.

La oración constante mantiene nuestros corazones sensibles a la dirección del Espíritu Santo en cada momento, haciendo de esa temporada un tiempo fructífero —no simplemente uno que experimentamos yendo de fiesta en fiesta y comprando regalos. La oración es también una salvaguardia contra el orgullo, manteniéndonos conectados a nuestro humilde Señor cuando confesamos nuestros pecados a Dios y confiamos en su fuerza, no en la nuestra.

Sirva a los demás. El Adviento es un tiempo para crecer en la semejanza a Cristo; ser moldeados a la imagen del Señor requiere que sigamos su ejemplo de servicio. Dar regalos no tiene nada de malo, pero el dar nuestro tiempo y servicio a otros puede que sea la expresión más poderosa de amor que podamos dar.

Por medio de esto, nos convertimos en las manos y los pies de Jesucristo para las personas que nos rodean.

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