¿Cuál es el significado bíblico de la mansedumbre: es débil el manso?

¿Cuál es el significado bíblico de la mansedumbre: es débil el manso?

En la Biblia, ser manso no significa ser débil. El manso tiene una gran fuerza interior que le permite poner su voluntad y sus reacciones bajo el control de Dios con total confianza. No se deja llevar por sus emociones ni reacciona sin control ante una situación. Más bien vive bajo el dominio del Espíritu Santo permitiéndole que le muestre lo que debe hablar o hacer ante un suceso o una persona en específico.

Por:  Johana R.

La mansedumbre lleva a aceptar que lo que Dios permite en nuestra vida es para nuestro bien. El manso no lucha contra la voluntad de Dios sino que vive con la expectativa de que siempre aprenderá algo gracias a las experiencias que Dios trae a su vida. Esta actitud protege su corazón de la amargura. El manso de corazón no se enfrenta a los demás como si fueran sus enemigos. Los respeta y los valora porque sabe que también han sido creados a la imagen de Dios.

La Mansedumbre:

La palabra bíblica para mansedumbre no es fácil de traducir al español. Muchas traducciones usan en su lugar “gentileza”, “bondad” o “humildad”, pero estas palabras comunican cierta debilidad que no se encuentra en el original.

La verdadera mansedumbre es una fuerza interna que no se puede fingir. Crece a la medida en que permitimos que el Espíritu Santo transforme nuestra alma. Surge de lo más íntimo de nuestro ser, equipándonos para que se cumpla la obra de Dios en y a través de nosotros.

La Biblia dice sobre la mansedumbre.

Es fruto del Espíritu Santo

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”, Gálatas 5:22-25.

Una de las formas en las que se manifiesta el fruto del Espíritu Santo en nosotros es al darnos una disposición más humilde o mansa. La persona llena del Espíritu Santo busca que Cristo sea exaltado, no va en busca de su propia gloria. Es enseñable y no anda con exigencias buscando a quien amedrentar.

El manso ha dejado atrás los arrebatos emocionales. El control de sus emociones está bajo la guía del Espíritu Santo y es por esta razón que todas sus palabras y sus acciones traen vida, acercando a las personas a Jesús.

Nos ayuda a tratar a los demás con respeto

“A no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo”. (Tito 3:2)

La conducta del creyente debe mostrar entereza de carácter y fuerza para controlar los impulsos. La mansedumbre no nos lleva a callar ante lo que está mal. Nos ayuda a hablar a favor de la justicia, mostrando respeto aun cuando no estemos de acuerdo con las palabras o acciones de los demás. La mansedumbre no es sinónimo de pasividad sino que nos ayuda a enfocarnos en hacer lo correcto de una forma que honra a los otros.

Muestra el carácter de Dios

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”.
(Colosenses 3:12-13)

Son escogidos de Dios, él  ha amado y santificado. Eso se tiene que notar en el carácter. ¡Es imposible que siga igual! Pasa a reflejar el carácter de Dios a los demás con más humildad, amabilidad y paciencia. Es algo que proponga  hacer cada día en agradecimiento a lo que Dios ya ha hecho por nosotros y también por amor a los demás.

A la medida en que permitimos al Espíritu Santo de Dios que nos revista de todo lo que le agrada, podremos reflejar más y más de él a los demás. El perdón fluirá con más facilidad y gracia. ¡Y Cristo será glorificado en nosotros!

El sabio de verdad es manso

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría”, (Santiago 3:13)

La persona llena de la sabiduría que viene de Dios no busca sobresalir o ser aplaudida. Hace lo que es correcto delante de Dios en cada situación con humildad y mansedumbre. Reconoce que no es sabia en su propia opinión (Proverbios 3:7) o por sus propios méritos sino gracias a la obra de Dios en su vida. Esa certeza la ayuda a comportarse de una forma digna y agradable a Dios en medio de cualquier circunstancia.

Nos ayuda a enfrentar el odio y la injusticia

“Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la camisa, no le impidas que se lleve también la capa. Dale a todo el que te pida y, si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”, (Lucas 6:27-31)

Ni aun las circunstancias más extremas logran sacar de quicio al manso. Tal como hizo Jesús en sus momentos más difíciles, el manso continúa bajo el dominio del Espíritu de Dios aunque lo insulten o lo maltraten.

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